sábado, 7 de enero de 2012

JUEGO DE MANOS

Como suelo ser buen observador a falta de otros recursos, me fijo básicamente en la forma de andar de las gentes en primer lugar, después en su perfil general, más tarde en las manos y, si el observado me lo permite, en los ojos, en su boca, en su cara. Después llega el descubrimiento, a veces mágico y en ocasiones desafortunado, de escuchar sus voces y lo que dicen, que es lo que cuentan y narran sus almas.

Últimamente contemplo mucho las manos de quienes no han pegado golpe en su vida, que es una expresión muy común por aquí. Vida puñetera para los que más rodean a estos ejemplares y plácida para los del objeto de esta entrada; porque mientras unos disfrutan de su apatía de nacimiento otros, los que por rangos de familia o por amistad conviven a menudo con ellos, sufren con vergüenza ajena y con demasiada impotencia la vida de cuentista que cuenta historias, cuentos y heroicidades colgado de sus propias musarañas.

Porque hay que ver cómo se lo monta mucha gente, que les da acidez coger una azada o buscar su primer empleo, a estas alturas, con cincuenta años. Si no han trabajado nunca y siempre por culpa de los demás, crean su papel de víctimas y mártires de una sociedad acosadora y hostil con su inmaculada sensibilidad. Dramaturgos de la vida que lloran cuando hay que pedir y se ríen de los demás cuando se consuelan en la abundancia.

Hay quienes no sacan jamás las manos de sus bolsillos, quizás porque si las sacaran no sabrían que hacer con ellas tras tantos años de tenerlas quietecitas. Y cuando sucede que no las tienen en las faltriqueras, porque jamás se destetaron para ser libres, no saben qué hacer con ellas. Las dejan caer como cuando se descuelga algo de peso, las juntan para no sentirse solas una de la otra, las agitan sin control y sin saber dónde reposarlas, hasta que las cobijan de nuevo en los saquillos. Algunos las dejan en suspensión por detrás de la espalda mientras caminan, se rozan el trasero con el anverso y el reverso, las alzan para el frente y vuelta a atrás disimulando su extravío.

Otros gesticulan hasta aburrir con ellas y dibujan incluso estelas virtuales en los espacios vacíos. Intentar acompañar, casi festejar, su grandilocuencia en las palabras y ya no sabe uno si mirar hacia la boca que suelta fantasías o las manos que diseñan su vida desocupada de responsabilidades. Posiblemente las manos digan más de las personas que la habilidad de sus lenguas y será entonces por eso que espero impaciente su desenvoltura.

Es verdad que se habla con todo, pero todo acaba por delatarse. Así que sueño un día tras otro con manos tranquilas de trabajos bien hechos, seguras de haber cumplido, amigas para el sincero abrazo y tiernas para la ayuda. Los juegos de artificios y las expertas en malabares se las dejo a los artistas. Me gustan las manos sencillas cuyos vocabularios no me dejen bizco, que yo con los ojos trasojados no me entero de nada; por eso os ofrezco mis manos de vagabundo.

Música sugerida: VAGABOND. One Hour Before The Trip

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