lunes, 14 de diciembre de 2009

LOS PRIMEROS COPOS

No pensaba entrar hoy en el blog cuando un hecho imprevisto me ha hecho cambiar de idea. Al levantarme he observado desde el mirador de mis ventanas, con la ilusión de quien retrocede decenas de años, caer copos de nieve. No pretendo ser el hombre del tiempo pero resulta tan poco frecuente por aquí que necesitaba inmortalizar el acto, fotografiarlo en directo y recoger, este acontecimiento, en el blog.
Son pequeños copos que sé no van a cuajar, porque caen sobre mojado. Aún así son lo suficientemente hermosos y visibles para volverme a hechizar. Y mientras ahora escribo miro de reojo para seguir disfrutando del suceso. Probablemente si viviera en el norte no me llamaría tanto la atención, pero en estos lares... ¡Qúé bonita es la nieve! Mientras no haga daño claro.
Me he referido a su hechizo porque creo que, junto al fuego, son elementos naturales que seducen tanto que llegan incluso a hipnotizar. Tanto los niños, que la disfrutan, como los adultos, que nos atrapa, quedamos encandilados con la combustión del fuego y el misterio de la nieve. Agua blanca que va cubriendo, como un manto, las copas de los árboles y los tejados de las casas.
Dicen que año de nieve año de bienes. Pues con la que cae con la crisis ojala sea un buen augurio esta primera aparición. No son estas letras mi texto navideño. La semana que viene os desearé, como se merece y os merecéis, mi mensaje de navidad cargado de buenas intenciones. Mientras tanto, dejadme seguir disfrutando del espectáculo mientras dure, pues ya sabéis que todo lo que empieza acaba, y más lo bueno.
Y mientras la sigo observando, la mirada de mis ojos se hace más tierna y más inocente, como antaño, como cuando era un crío. Copos blancos llenos de magia. Si la véis por ahí, dejarla caer, y si podéis, abrazarla, saborearla, quererla. Pero no os resbaléis por Dios.
Y para la escena que ahora contemplo absorto y renacido os propongo una pieza musical encantadora, como la nieve.

viernes, 11 de diciembre de 2009

GRACIAS

Gracias a las abuelas, porque en condiciones de vida durísimas, y sin apenas recursos, alimentaron bocas y reinventaron los milagros.
Gracias a las madres, porque en su afán de educar a base de instinto, protegen y sobreprotegen por amor hasta el infinito, aun a pesar de que intuyan equivocarse.
Gracias a las amistades leales que arropan en los momentos difíciles, que son los momentos desnudos donde las almas se muestran ligeras de equipajes falsos e interesados.
Gracias a las cuñadas que dicen las cosas con sincera prudencia, aunque a veces no gusten las verdades.
Gracias a las personas que, sin conocerlas, te ayudan a levantarte del apeadero para proseguir tu camino.
Gracias a las primeras novias, porque conocimos de cerca la duda, las novedosas timideces y las primaveras prolongadas.
Gracias a la antigua amante, porque las pupilas se encendían en la oscuridad de los rincones oscuros y prohibidos.
Gracias a la compañera de viaje, porque con ella se aprende el verbo convivir; que es todo lo bueno y lo malo, la realidad y la ficción, el llanto y el suspiro, envejecer y renacer.
Gracias a los hijos y a las hijas que, aunque alcen el vuelo siempre regresan al nido, aunque ya esté marchito, y son permanente flor de esperanza en los negros horizontes.
Gracias a los padres y madres por asumir esa responsabilidad aventurera, aun sabiendo que los hijos suponen una condena de alegrías y desazones de por vida.
Gracias a las mujeres que adoptan hijos sin cordón umbilical, porque consuelan los huecos de sus vidas y salvaguardan soledades eternas.
Gracias a los que os asomáis por El Diván del Desencanto, porque me espanta el desánimo cuando cunde y rebrotan mis sentidos.
Gracias a ellas, gracias a ellos, gracias a vosotros, gracias a tí.

jueves, 10 de diciembre de 2009

LA DISCULPA

Después de treinta y tantos escritos en este blog, que también es tuyo porque es para tí, he hecho autocrítica y también he consultado con personas cercanas. Lo de la autocrítica debe uno aplicársela siempre que pueda, y consultar las cosas a personas cercanas es conveniente.
Explicado esto he llegado a la conclusión que el formato es horrible y estoy esperando que vengan en navidades seres que quiero y que prometieron mejorarlo. Por más que intento escribir con las correspondientes separaciones y una buena estructura del texto al "Publicar entrada" aparece el escrito comprimido y sin espacios, problema que procuraré subsanarlo.
También he comprobado que personas que desean hacer algún comentario no pueden acceder para realizarlo. Otro problema añadido que espero, en el futuro, pueda resolver con dignidad.
Respecto a los textos me han hecho saber que no es conveniente publicarlos a diario, cinco por semana. Asumo que la gente tiene muchísimas ocupaciones y demasiados problemas para que puedan leerme todos los días. Y también sé que hay textos muy densos que no son fáciles de digerir.
Aunque comento sobre la vida misma y de las cosas cotidianas no dejan de ser reflexiones que a mí me valen y, quizás, a otras personas puedan servir. Y si no tampoco pasa nada. Procuro sugerir música agradable que a mí me gusta y os facilito el enlace. Yo escribiría todos los días porque necesito soltar mis cosas, pero entiendo que hay quienes no pueden seguir el ritmo y luego cuesta remontar al principio de los orígenes del blog. No todos tienen la misma disponibilidad.
De manera que, padeciendo problemas técnicos y de diseño, con la dificultad que alguien tiene en acceder a los comentarios y la incómoda lectura de algunos textos he optado por dosificar. Dicen que más vale poco y bueno que mucho y apretujado. Así que, hasta que no pueda ser, apareceré por aquí una o dos veces por semana, comprometiéndome eso sí, en mejorar la calidad técnica de este blog, que insisto es también vuestro. Porque, ¿para quién si no escribe uno?

viernes, 4 de diciembre de 2009

LOS AMANTES

En tanto la vida disfruta de su frenética espiral de ritmos y locuras, dos seres se aman y gozan en la penumbra de una habitación. Esta noche, el habitáculo es su refugio y fortaleza lejos del anárquico discurrir del tiempo. Tan sólo una vela prendida, haciendo frente a la oscuridad, será la única testigo para tan deseado encuentro.
Retorcidos los cuerpos en el lecho dibujan, con sus sombras, siluetas de piernas y brazos amagados, abrasados y enlazados bajo el instinto del deseo. Resuenan los besos y las palabras de amor se pierden por los rincones, susurros que dan paso a los gemidos y a los suspiros que enloquecen los ecos.
Se mezclan los sudores, se confunden los olores, se aspiran, se respiran, se beben el aliento y se comen las miradas. Sólo pretenden en este instante que no acabe nunca el momento. Inmortalizar la escena, la pasión, la entrega y el deseo.
Las manos se tantean y se buscan. Los poros se acarician, los labios se abrasan encendidos, las lenguas se absorben y los sexos se iluminan y se apagan en su proceso natural. Los gritos y sollozos asoman por la boca del orgasmo.
La vela consume su pálida luz, los cuerpos cansados de amantes -extasiados por el gozo-, terminan encadenados. Cada pierna, cada brazo, cada cadera como un eslabón inseparable.
La respiración, antes acelerada, se normaliza. Los últimos besos, las finales palabras de amor y gratitud quedan ya sofocadas y cubiertas por una manta.
En la oscuridad duermen ya, plácidamente, dos seres enamorados y locamente deseados. Fuera, tras las ventanas, las luces de las farolas siguen observando el bullicio inagotable de los indomables trasnochados.
Y mientras, la vida loca y absurda, sigue dando vueltas de carrusel a su círculo de hojalata y sin síntomas de cansancio.
Texto de Los Secretos de la Noche
Autor: Juan José Torres

jueves, 3 de diciembre de 2009

LA INTENCIÓN

En esta vida los individuos nos interrelacionamos, y nos movemos, gesticulamos, manifestamos y hablamos expresando siempre intenciones. Un saludo puede ser cordial o frío, una conversación encantadora o desagradable. Depende todo de las intenciones del emisor y del grado de asimilación y respuesta del receptor.
Toda intencionalidad, ya sea voluntaria o irreflexiva, lleva intrínseca un objetivo, y las intenciones de cada cual pueden obedecer a una motivación social o un simple gesto silencioso cargado de privacidad. Tras cada acción se esconde siempre una intención. Intenciones agradables, otras ofensivas, las que pretenden beneficiar a los demás o aquellas que se encaminan a causar daño.
Pero todo esto no es así de simple. A veces una acción lleva consigo una intencionalidad positiva e involuntariamente se transforma, a saber por qué y cómo, en una acción negativa y ofensiva hacia alguien. En ocasiones sin embargo, alguien procede un hermoso gesto para enaltecer su propio ego.
Hace años me llamó la atención cómo resuelve la filosofía budista este dilema. Y quede claro que no soy budista ni muchas más cosas. Los budistas creen firmemente en el karma. Y según defienden sus tesis, en la vida de cada uno se van acumulando acciones positivas y otras negativas. Cuanto más de positivas tengas antes y mejor será la reencarnación en la que creen ciegamente. Si has acumulado más negatividad peor será tu futuro tras el más allá.
Estas premisas se asemejan mucho a la doctrina católica y a otras religiones. Al final de la vida la balanza del que imparte justicia dictará sentencia. Cielo o infierno, descanso eterno o a vagar como espíritus sin destino conocido.
Pues bien. Según los budistas una persona puede hacer el bien y acumular karma negativo o por el contrario, causar un mal y acumular karma positivo. Y el secreto está en la intencionalidad de dichas acciones, no en la acción en sí. Pongamos un ejemplo.
Dos personas dan una limosna a un mendigo. Una aporta más dinero y ante multitud de testigos, la otra ofrece menos cuantía y sin que nadie presencie la obra caritativa. Las dos acciones son positivas y harán un poco menos desgraciado al mendigo. Pero, ¿la intención es la misma? ¿ el primer personaje ayuda por solidaridad o por ostentación? ¿Da su dinero por alimentar a un pobre altruístamente o porque los presentes van hablar maravillas de este hombre? Está claro que el gesto del segundo queda fuera de toda duda, pues ayuda en la privacidad.
Este sencillísimo ejemplo debería hacernos reflexionar. Tras una acción se esconde una intención. Se puede causar daño sin querer y puede quedarse alguien en ridículo por muy buena acción que haga. Porque en el transfondo de los gestos subyace la voluntariedad o involuntariedad, y las correctas o engañosas intenciones.
Así que actuemos en consecuencia y siempre de buena fe. O si no se nos verá, tarde o temprano, el plumero.
El enlace musical que propongo es el tema "Laura" de Lluís Llach, uno de mis músicos preferidos. La canción va dedicada a Laura Almerich, una de sus incondicionales guitarristas. Ella no quería pero, embargada por la emoción, destroza el tema en su última parte. Cómo no la vamos a perdonar, si ella nunca tuvo la intención. Y qué final más tierno.
Música sugerida: LAURA. Lluís Llach.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

LA DUDA

La vida nos depara, a la vuelta de cada esquina, unos imprevistos interrogantes. Nos asalta continuamente con miles de cuestiones, muchas de ellas superfluas, que nos hacen dudar. Y cuanto más dudas más indefensos nos sentimos. Acudimos entonces al confesor, al picoanalista, al amigo más íntimo, a la mejor de las confidentes. Ante cualquier conflicto nos sobresalta la duda. Un despido, procedente o no, una oferta de trabajo, un cambio de planes, el destino de unas vacaciones, la solución de un problema, la expectativa incierta.
Nos invade entonces ese gusanillo que nos revolica las entrañas y vamos desojando la famosa margarita y evaluando pros y contras antes de una decisión. Cualquiera que sea. A mayor envergadura más desasosiego y a más frivolidad el misterio del suspense se convierte en una benévola tranquilidad.
No existen dudas al elegir entre la vida o la muerte, la salud o la enfermedad, la integridad física o el peligro, la posesión o la pérdida, la felicidad o la desgracia. El resto es un mar de dudas.
En general todos y todas padecemos esta indescriptible angustia cuando nos acecha una decisión que tomar, y no puede tomarse a la ligera. Y a mayor premura más nerviosismo. Siempre aparecen esas personas impecables, frías y calculadoras, que aparentan que las cosas, y sus dudas, no van con ellas, como que no les afecta. Desprenden una seguridad tal que, sea cualquiera la opción que elijan, da la impresión que siempre aciertan. Y no es del todo así. Hasta esas personas impermeables consultan con su almohada por las noches.
Cualquier decisión despeja una duda y entonces se cierra una puerta o se abre una ventana y nos preguntamos si ese cerrar o abrir, si ese no o ese sí es bueno o malo, si es correcto o incorrecto, si nos beneficia o perjudica. Sea lo que sea y pase lo que pase la decisión ya está tomada y ya no se puede volver atrás. Y aun cuando decidimos todavía nos invade la duda. ¿Acerté? ¿Elegí lo adecuado? ¿Y si hubiese dicho no, o sí? ¿Qué hubiera pasado si...? ¿Estaría mejor? ¿Estaría peor?
Queda claro que al no ser posible elegir al mismo tiempo varias opciones, sino sólamente una, sobran las demás preguntas. Equivocados o no tomamos una decisión y punto. Podremos luego arrepentirnos o vanagloriarnos. Pero cada elección es una respuesta y cada respuesta un seguir y continuar. Un camino interminable donde nos seguirán lloviendo las dudas y no por mayor edad disminuyen. Las dudas nos acompañarán siempre, pues tampoco conocen fronteras ni edades.
Los muy indecisos no tomarán jamás su propia opción. Alguien decidirá por ellos. Y muy a pesar de sopesar y elegir bien siempre nos volveremos a equivocar, pues es cierto que el ser humano es el único animal que tropieza, casi siempre, en la misma piedra. Así que, decidáis lo que decidáis, optemos por lo que elijamos, siempre será la decisión políticamente más correcta. Aunque volvamos a desacertar. Habrá quienes entonces disimulen, quienes quieran engañarse o engañarnos, quienes digan que ellos nunca se fallan.
Da igual. Si elegiste mal no te atormentes. Quizás no puedas rectificar y puede que no tengas una segunda oportunidad. No importa. Elegiste una puerta que siempre es un misterio, abrazaste una duda aún sin resolver, pero camina con entusiasmo a pesar de todo. Porque más que el final del recorrido son las etapas diarias las que más vale la pena caminar. Y en cada paso que camines se alzará otra pregunta sin destino y otra puerta entornada. Camina. Camina y vive.

martes, 1 de diciembre de 2009

SI TE DICEN TE QUIERO

¿Cuándo te han dicho un "te quiero" la última vez? ¿Te lo han dicho alguna vez? ¿Te lo han dicho muchas veces? ¿Hace quince días? ¿La semana pasada? ¿Sólo un minuto tal vez?


Satisface revivir estas dos palabras, si es que son realmente sinceras y profundas. Lamentablemente, muchas veces se utilizan como pañuelos de papel. En demasiadas ocasiones se gastan como autómata rutina, mecánicamente y sin apenas sentir el significado. Se pronuncian como un anuncio.
Ese sublime mensaje, tan tierno y hermoso, se ha estandarizado mucho, hasta el punto de perder toda su esencia y valor. Pero si son conscientes para el que las regala, si es receptiva la persona a la que se dirige, son vocablos que se inmortalizan y nunca pasa el tiempo. Permanecen aleteando en los oídos. Si te lo dicen de corazón muchas veces, alégrate, porque es de las cosas más bonitas que le puede suceder a alguien. Si te lo dicen poco saboréalo, pero reclamálo más veces.
Sé perfectamente que son dos palabras, una declaración de intenciones. Que son los gestos y las acciones quienes deben hablar por ellas. Y si eso es así el mejor cóctel de acompañamiento es el pronunciarlas, invitando a un beso.
Si te has reprimido de vez en cuando en soltar esa magia, en decir esas palabras, no te cortes y hazlo pronto. No sé a qué esperas.
Reclamémos estas dulces palabras. Llegará un día que, por cualquier circunstancia, ya no las pronunciemos o no las oigamos, y tengamos que esperar otra oportunidad. Y hay veces que no hay ni segundas ni terceras oportunidades.
Si te dicen "Te Quiero" bajito, bajito, casi susurrando al oído, imagínatelo GRANDE, como si fueran unas palabras muy altas y hermosas, escritas en MAYÚSCULA.
Texto de Los Secretos de la Noche
Autor: Juan José Torres