lunes, 25 de julio de 2011

REMONTAR EL VUELO

Se dice que uno de los dolores más hondos y amargos que hay en la vida se da en el sentimiento amoroso, que deja huellas y cicatrices mucho más vulnerables que la simple y frívola aventura amorosa. Como cuando un ciclista hace esa goma ya famosa en su argot enciclopédico, que pierde rueda pero no se descuelga definitivamente, que se aleja del que le precede y parece que por un momento vuelve a reincorporarse.

En el amor suceden cosas así. De tenerlo tan abrazado y seguro a distanciarlo casi tan poco a poco, desvinculándose cada vez más. Se hace entonces un esfuerzo titánico por recuperar lo que es inevitable, por retenerlo un poco más, por reivindicar los mejores tiempos, por aferrarse a que es un error pasajero.

¡Cuánto cuesta recuperar lo perdido! ¡Cuánto remontar el vuelo! ¿Quién no ha vivido situaciones así?

He conocido a muchas personas amigas con distintas suertes. Algunas no han vuelto a levantar cabeza, como si la nueva soltería o separación les resultara un auténtico duelo, como si hubiesen quedado viudos o solas, como si la palabra de consuelo, el abrazo de ánimo, no fuera con ellos. Otras en cambio han reiniciado con nuevos acompañantes este viaje prodigioso.

“Veinticinco años son muchos para andar sobre sus migajas”, me cuenta alguno que aún no ha sobrevivido. “Ojala tuviera ahora esos veinticinco años” replica mientras rumia sus tormentas.

El amor engancha, lo mismo que duele. Mientras dura es eterno, y si no lo es, como nada en la vida, a respirar, que todavía queda aire.

Música sugerida: 25 AÑOS. Carmen París y Santiago Auserón

domingo, 17 de julio de 2011

LA CÁRCEL COMO HOGAR

No hace mucho tiempo los rincones de los periódicos, esos espacios escondidos para noticias curiosas, dieron cuenta de un hecho insólito por su naturaleza. Quizás y después de reflexionar lo suficiente puede que no sea tan extraño tal como están los tiempos. James Verone, ciudadano norteamericano ya metido en años y mucho tiempo desempleado, tomó la decisión más ocurrente y arriesgada de sus últimos tiempos. Enfermo y solo, como tantas personas maduras y sin posibilidad de ningún trabajo digno y ni siquiera infame, fue a un banco cualquiera de Carolina del Norte con la idea de robar.

No pretendía un asalto convencional, sino modesto y simbólico. Un dólar. Sólo un dólar. Después de intimidar a los sorprendidos empleados tuvo el dólar en su mano. Se sentó allí mismo sin moverse y esperó la llegada de la policía. Tranquilamente asumió ser esposado y escuchó la típica frase cuando a alguien le detienen en ese contradictorio país: “tiene usted derecho a guardar silencio. Cualquier cosa que usted diga puede ser usado en su contra…” y bla, bla, bla…

Audaz resolución tomó el tal James. Bienvenidas las condenas, bienvenidos con agrado los años de prisión que estime la Corte, alivio existencial, merecido descanso.

No tendrá que seguir buscándose la vida y disculpándose con reiterados sorry, sorry…Comerá todos los días, tendrá una cama decente y podrá solicitar un médico que revise, o repare, las averías de sus cuerpo, nunca las del alma.

Reparar las entrañas de su corazón es mucho más difícil. James ya tiene cobijo temporal. Lo compró por un dólar. ¡Cúanta ventura y desventura!, ¡cuánta tristeza!, ¡cuánta miseria en el país más rico y poderoso! ¡cúanto vale un dólar!

Música sugerida: FOR YOU. John Denver

sábado, 9 de julio de 2011

SONRÍE

La semana pasada viajé, como siempre bien acompañado, a Barcelona. La carretera se hace pesada y cuantos más kilómetros se devoran más lejos parece el destino. Suelo escuchar música seleccionada de CDs y, de vez en cuando, se activa la radio. Debatían en un programa sobre la importancia de la sonrisa y los contertulios exponían y argumentaban sobre el valor de la sonrisa, respecto a que la empatía de quien es agradable es más poderosa que la sonrisa, y que este gesto a veces no se utiliza con la sinceridad necesaria, que abundan las sonrisas fingidas y que la amabilidad puede convertirse en un arte dramático.



Recordé entonces el texto cuyo título, Risa y Sonrisa, publiqué en el blog del Diván un mes de noviembre, en los inicios de esta aventura. El caso es que tenía razón un tertuliano, pues a veces nuestra tarjeta de visita, nuestra carta de presentación, es una evidente sonrisa; la cual no garantiza nunca ni sinceridad ni siquiera simpatía. Yo la verdad prefiero una sincera mirada, aunque sea tímida, que esbozar una risita que a veces engaña a nuestro ánimo.



El precioso film La Vida es Bella contiene una escena realmente hermosa, aquella de tratar de engañar al hijo jugando a soldados y de convertir la crueldad de un drama en un juego. Y ante la situación más triste y desesperante, regalar una sonrisa.



Esta sonrisa es la que exhibe Charles Chaplin en la mayoría de sus inmortales películas. Ante los negros chaparrones obsequiar lo mejor de uno, tal vez esa dulce y triste sonrisa.



Mi amiga Carmen no hace mucho colgó en su facebook el tema Smile, interpretada magníficamente por Madeleine Peyroux. Sin embargo no hace tanto que puse el enlace, como música sugerida, de esta cantante. Como homenaje a Charlot os regalo, aparte de una sonrisa, el tema Smile, pero con imágenes del maestro. Al fin y al cabo Chaplin fue el compositor de esta preciosa canción. Y quien la canta, aunque no es de mi devoción, es Michael Jackson.



Música sugerida: SMILE. Charles Chaplin

viernes, 1 de julio de 2011

ARRANCA JULIO

Manejándose con las altas temperaturas como cada uno bien pueda, inicia julio su periplo imparable.


Un sector de la sufrida ciudadanía se marcha de vacaciones, quizás más cortas o con destinos menos ambiciosos; zurciendo laboriosamente los bolsillos, que últimamente desparraman moneditas por aquí, billetes por allá, y todo en un santiamén y a las primeras de cambio.


Otros aguardarán a la siguiente quincena para el merecido descanso. Si no, en agosto. Si tampoco, cuando se pueda.


Porque los hay que dejaron de tener vacaciones porque su empresa quebró y la hipoteca aprieta; quienes trabajarán a destajo mientras otros se desocupan y también, cómo no, existe esa minoría, asquerosamente rica, que está de vacaciones todos los días del año de todos los años mundiales. Simplemente porque nacieron no con un pan bajo del brazo, sino con lingotes de oro entre sus perfumadas axilas.


Yo, recomponiéndome de una rodilla maltrecha, esperaré mi ocasión, si es que finalmente llega.


Me desespero lo justo, porque me impacienta más que algunos pocos ordenen, manden, dirijan y decidan, bien sea desde lujosos yates o desde sus torres acristaladas, bunkerizadas y financieras, el porvenir inmediato de la gente de bien, mayores o jóvenes, con trabajo o sin él, solos o acompañados...


Pase lo que pase, que julio sea plácido, amoroso y benevolente para toda esa gente de bien.


En cuanto a mí, esta noche tendré unos minutos para compartir. Saldré a la terraza cuando descampe el sol, cuando regrese la brisa y cuando huelan los jazmines.


Tomaré una limonada, quizás aparezca un beso y sonará esta canción.


Música sugerida: STOP. Sam Brown

domingo, 26 de junio de 2011

LA SIESTA

Los días festivos mis padres nos obligaban, a mis hermanos y a mí, a dormir la siesta. Eran años de infancia y tenían buenas razones. Que si estábamos creciendo, que acabábamos de comer y la digestión necesitaba un descanso, que hay que reponer fuerzas... Aunque yo siempre estuve convencido que el verdadero motivo era que les dejáramos descansar a ellos.


La verdad sea dicha jamás concilié el sueño, o ese privilegiado descanso, mientras fuí niño. No había forma humana de que durmiera, así que me hacía el dormido. Cómo iba yo a entregarme a Morfeo si tenía la vida ahí delante, esperándome a todas horas y sin tiempo que perder.


Han pasado muchos años y hoy no puedo prescindir de un descanso, aunque sean diez minutos. A mis hijas tampoco pude convencerlas para esas sagradas siestas, de modo que cuando puedo permitírmelo me refugio en la cama unos minutos, media hora, los festivos un poquito más.


¡Qué gran invento la siesta! ¡Qué excelente placer! ¡Qué agradable remanso!


Y cuanto más mayor me hago más perezoso soy. ¡Vivan los años! ¡Viva la siesta!


Música sugerida: LUZ MARINA. Javier Rojas




sábado, 18 de junio de 2011

PROHIBIDO EN LA CIUDAD

Podría haber titulado el texto de hoy con un "Prohibido Prohibir" pero bueno, es verdad que esta sugerencia es más genérica y no se ajusta del todo al mensaje que deseo difundir.




Lo que es cierto es que, de un tiempo a esta parte, muchas ciudades de nuestra piel de toro están recortando unas libertades individuales que rozan lo inaudito. son cada vez más los ayuntamientos que, en base no sabemos a qué y sin criterios razonables, aprueban unas ordenanzas cuyos incumplimientos supones sanciones ejemplarizantes.




En algunos casos inspiradas en arquetipos morales o religiosos, en otras aludiendo a una ciudad más limpia, en otros casos disuadiendo a posibles visitantes indeseados.




Yo entiendo por ejemplo que los llamados botellones deberían hacerse fuera de los cascos urbanos; simplemente para no molestar a quienes pasan del asunto o desean descansar a esas horas. Pero en otros lugares se está prohibiendo el refrescarse en las fuentes en verano, el pasear con el torso desnudo, el comer o beber por las calles, el pegar una cabezadita en un parque...




Deberían sancionarse conductas que atenten a la normal convivencia. Alterar el sueño de los vecinos, ensuciar las calles, no recoger los excrementos de los caninos, escupir en la vía pública, arrojar las basuras sin selección ninguna y demás cosas que interfieran la normal convivencia.




Que se persiga la acción perjudicial a quienes infrinjan los límites cívicos. Pero prohibir cosas que no hacen daño a nadie ni a los demás me parece excesivo. Si esto sigue así ya no podremos tomarnos el comùn y barato bocadillo en el banco de una plaza. Nos obligarán a comer en una terraza, más cara y con sus impuestos y su IVA correspondiente.




Que se sancione la conducta indeseable, no las libertades individuales que no molestan a nadie.




Bastante molesta ya una ciudad, con su contaminación, sus ruidos, sus locuras, para coartarnos las alas, y hasta el hambre.




jueves, 9 de junio de 2011

CANCIONES CONTRA EL MIEDO

Hace un par de semanas fue noticia un hecho espantoso y al mismo tiempo entrañable. En las inmediaciones de una escuela de una localidad mexicana surge un tiroteo entre dos bandas para sus ajustes de cuentas o para marcar su territorio.


Los niños representan la inocencia y sus almas son las dueñas del mágico recinto de las aulas; los sicarios son los caseros de las calles pero no regalan ni magias ni inocencias.


Cuando el pánico hace acto de presencia y el tartamudeo convierte la voz en mudez surge el pequeño y trascendental milagro. La maestra, tras aleccionar a sus niños a permanecer a ras de suelo, para ahuyentar el pavor les hizo cantar.


Más importante que no arriesgar las vidas es evitar ser atenazados por el miedo. En todo caso si lo inevitable nos va a sorprender, que nos pille cantando y no llorando.


No es mala ni la elección ni la lección. La maestra actuó como las hadas mágicas de los cuentos inmortales de siempre. Si no se puede expulsar al veneno por lo menos no tenerle miedo.


La vida tiene estas cosas, nos enseña todos los días lo bueno y lo malo. No hace falta, por tanto, hacernos mayores para admirar, ni para aprender.